viernes, diciembre 09, 2022

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Emotiva reflexión efectuó pediatra que atendió a Ámbar en el Hospital San Camilo

La noticia en torno a la muerte de Ámbar no ha dejado indiferente a nadie. Desde el momento en que se conoció sobre este hecho, en la tarde – noche del sábado, desde el instante en que se conocieron algunos detalles sobre su muerte y la violación de que fue víctima, así como de las circunstancias y actores que conformaron este horroroso cuadro  donde su victimario era nada más y nada menos que Andrés Espinoza, un ex candidato a concejal apoyado por la UDI, una tía a quien el Juzgado de Familia le había confiado la responsabilidad de su custodia, una madre ausente y declarada incapacitada para cuidarla a raíz de sus adicciones al alcohol y las drogas … Ciertamente, saber que Ámbar, la pequeña de 1 año y 7 meses de edad que fue ultrajada salvajemente y que con un cinismo increíble fue ingresada primero al Cesfam de Rinconada por sus custores arguyendo que se había caído de la cama, tampoco pasó desapercibido a los funcionarios del área de salud, no porque finalmente la niña murió sola, con ellos rodeándola y pidiéndole, susurrándole, prometiéndole, que se quedara, que no se fuera, que ahora todo iba a cambiar.

Quizás por todos estos elementos que rodean su fallecimiento, ha conmovido tanto el post que el doctor Álvaro Retamal, médico pediatra del Hospital San Camilo de San Felipe, pues es una suerte de recordatorio acerca de por qué muchas veces ellos eligen no involucrarse emocionalmente con los casos que atienden: porque duele, porque entristece, porque sobrecoge.

“Que fácil enojarse y pedir pena de muerte para un monstruo como este, criminal que seguramente, como todo UDI, pedía pena de muerte para estos delitos.. y es que es fácil enganchar con esta idea… cuando tuve a Ámbar Lazcano en la unidad y luchábamos por su vida, cuando veías su cuerpo frágil, sus manitos, cuando en medio de todo te dabas tiempo para acariciar su cabecita golpeada y decirle que viviera porque nunca más dejaríamos que alguien le hiciera daño.. cuando tienes la oportunidad de decirle en voz baja y que nadie escuche que viva por favor que no tenga miedo porque hay en esta Tierra personas que estamos dispuestas a quererla.. que los tíos y tías que la recibimos en los Andes, que la trasladaron en la ambulancia, que la cuidaron en urgencia en Pabellón mientras se operaba, y nosotros en la UCIP.. todos nosotros desde el que hace el aseo hasta los médicos que a veces toman esa fría distancia para no empaparse de tanto dolor.. todos estábamos sufriendo acompañando a este bello angelito.. y claro con ganas de que él perpetrador sufriera lo indecible por lo que hizo… Ámbar descansó finalmente de una vida que sólo conoció el dolor.. yo tomé sus manitos cuando partió y sin ser nada.. sin ser digno de hacerlo la bendije, solo porque yo estaba ahí y no un sacerdote, no su padre. Lo que siento hoy no es deseos de que maten a nadie, cuestión que no soluciona nada… hoy siento que debimos estar ahí… antes que todo pasara para Ámbar y para tantos otros.. más fácil pedir pena de muerte.. pero porque no convertimos tanto odio en Amor y protección para nuestros niños.. ? porque ellos son de sus padres pero también de todos los que callamos, no sabemos o no queremos saber que pasa con ellos.. el llamado tiene que ser a organizarnos para proteger a los niños que nos rodean en este Valle entre cerros y cordillera eso si puede ser de ayuda… pedir la muerte de un monstruo solo un desahogo”.

No en vano el sábado por la tarde la directora del Servicio de Salud Aconcagua, Susan Porras dispuso de un equipo de contención psicológica para el personal del San Camilo que estuvo atendiendo a la pequeña.

Mientras Andrés Espinoza se mantiene firme en su versión del supuesto “accidente doméstico” como causa de la muerte de Ámbar, en el Cesfam de Rinconada, así como en los Hospitales San Camilo y San Juan de Dios, la verdad es otra y refiere a una niña que desgraciadamente y muy a su pesar, murió en circunstancias crueles y terribles, sola, sin seres queridos que la cuidaran y que garantizaran su derecho a ser feliz.

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