domingo, septiembre 19, 2021

Aconcagua, San Felipe

La hermosa historia de amor entre el equipo de pediatría y la pequeña que estuvo hospitalizada cuatro años

La menor ha estado internada desde que nació y hoy por fin puede partir a su hogar dejado atrás a todo un equipo que la ama

La teoría dice que no es bueno encariñarse con los pacientes, pero los funcionarios del Hospital San Camilo saben que eso es imposible. ¡Qué se lo digan al equipo de Pediatría!, el cual hoy está sumido en una tristeza enorme por la partida de su querida Nefta, la pequeña de cuatro años que tras estar hospitalizada toda su vida, hoy por fin podrá partir a su hogar junto a sus padres.

 Nacida y criada en el Hospital San Camilo, Nefta vino al mundo con una patología llamada síndrome miasténico, que en la práctica le genera debilidad muscular y por lo tanto debe mantenerse con una traqueostomía, es decir, con un tubo en la garganta que le permite respirar. Debido a lo anterior y a la necesidad de contar con condiciones especiales en su hogar para poder obtener el alta, hasta hoy, a sus cuatro años, la pequeña nunca ha podido salir del hospital y, por lo tanto, su vida ha transcurrido sólo en el establecimiento. Sus primeros días los vivió en Neonatología, luego en la UCI Pediátrica y, en los últimos dos años y medio, en el servicio de Pediatría.

¿Y qué se hace en estos casos? “Nada, solo atenderla en todo lo que necesita y quererla como a una hija, porque es imposible tratarla de otra manera, con todo lo que eso significa”, asegura Paula Reyes, enfermera supervisora del Servicio de Pediatría.

 Con el paso del tiempo, Nefta como todo niño fue creciendo y reconociendo a quienes la atendían, además de dar sus primeros pasos y sus primeras palabras, por lo que fue imposible para el equipo no encariñarse con ella y apoyarla más allá de lo meramente clínico. En Pediatría tenía su hogar, sus juguetes, su ropa y su mundo rodeado del cariño de todo el personal que la atiende. Médicos, enfermeras, paramédicos, auxiliares, personal administrativo y de apoyo como los kinesiólogos, terapeutas, fonoaudiólogos que también la apoyaron en su recuperación. Todos trabajando para lo inevitable: que Nefta algún día pudiera partir a su hogar sin el riesgo de complicarse y volverse a hospitalizar. Pues bien. Ese día llegó y marcó a fuego al todo el personal. El 16 de agosto, Nefta partió al reencuentro con sus padres, quienes la esperan para su nueva vida en Santiago. Ellos han estado presentes todo este tiempo a través de sus visitas y haciendo los arreglos para poder seguir con su atención en su nuevo domicilio.

“Nos parte el corazón verla partir, pero sabemos que es lo mejor para ella. Su caso para nosotros es un logro, pues generalmente este tipo de pacientes no salen con vida del hospital debido a sus múltiples trastornos, pero ella fue diferente, logramos estabilizarla y rehabilitarla para que pueda seguir una vida lo más normal posible”, aclara la Dra. Consuelo Zec, pediatra jefe de la Unidad.

Pero las emociones no se pueden esconder y la inocencia y fragilidad de su mirada rápidamente conquistaron al personal, quienes vibraban con cada gracia y cada logro de la menor. Sus avances eran comentario obligado en los cambios de turnos así como sus travesuras y andanzas y, por lo tanto, su despedida fue un evento de la mayor importancia posible. “No tengo nada más que agradecer todo este cariño… no tengo palabras para expresar nuestro agradecimiento por tanto”, aseguró por su parte Thony Colin, padre de la menor el día de su partida.

Hoy Nefta ya no corre por los pasillos de Pediatría, pero su recuerdo permanece intacto en la memoria de las decenas de funcionarios que con ella se encariñaron. Por su parte, ella crecerá, comenzará una nueva vida lejos de San Felipe y de sus múltiples cuidadoras; sus recuerdos se volverán difusos y finalmente, dada su edad, olvidará. Pero en algún momento de su vida, al ver una de las decenas de fotos de todo este periodo que se lleva como recuerdo, alguien le contará que sus primeros años, sus primeros pasos y sus primeras sonrisas, las vivió en un particular hogar llamado Hospital San Camilo.