miércoles, junio 16, 2021

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Militares por un lado, disturbios por el otro y entre medio un movimiento social potente

Tarde – noche de domingo: el presidente Sebastián Piñera habla en cadena nacional advirtiendo que estamos en una guerra: sin darnos cuenta se inicia el golpeteo de cacerolas que poco a poco se va apoderando de distintos sectores de las ciudades de Chile.

Tarde – noche de lunes, Piñera habla y nuevamente se produce el mismo fenómeno, aunque claro, se suman disturbios, gritos, silbidos y a lo lejos para algunos, más cerca para otros; encima, los menos, una serie de disparos que es difícil saber si corresponden al uso de armas o el lanzamiento de bombas lacrimógenas.

Mientras una gran cantidad de personas –y también medios de comunicación- informan de los daños a la propiedad, los disturbios, bloqueos y saqueos en tiendas y supermercados; a través de las redes sociales, jóvenes y adultos se organizan para dar lugar a nuevas marchas y formas de protestar.

El sentimiento que los une es el descontento, la rabia contenida, la frustración y la indignación: no más abusos, señalan algunos; otros más drásticos subrayan: muerte al capital.

Si bien cada marcha y protesta ha sido desgraciadamente la antesala de la exaltación y la violencia, la energía del movimiento social derivado de la serie de demandas sociales y de descontento ante la injusticia y la corrupción, no se ha extinguido: al contrario, si en San Felipe, por ejemplo, las marchas masivas se alojaban en las movilizaciones del sector público por cada discusión del presupuesto de la nación; la verdad es que los días sábado, domingo e incluso lunes, han sido más de mil las personas que se han convocado de manera valiente, pues ya se sabe que al finalizar aparecerá el lumpen y los actos de violencia.

Este lunes precisamente, los convocados a la marcha que tuvo dos puntos de arranque: cancha de tenis y esquina colorada, se referían a la movilización y a la vez, expresaban su profundo rechazo por las acciones que han empañado el real sentido de este movimiento, que, claramente, va más allá del descontento por el alza de la tarifa del metro.

 

Lo del metro, lo dicen todos, es la gota que rebasó el vaso. Sin embargo, para muchos lo que exacerbó los ánimos, fue la medida presidencial de estado de excepción constitucional, con toques de queda incluidos, que conforme pasan los días se extienden a otros puntos del país.

Si el toque de queda del sábado empezó a las cero horas, este lunes y en medio de un día hábil, con personas trabajando, se dispuso que iniciara a las seis de la tarde, lo que significó un severo impacto, sobre todo desde el punto de vista de los desplazamientos, el comercio cerrado y la indignación por la imposibilidad de ejercer el derecho a manifestarse. No olvidemos que, en San Felipe como en Los Andes, había convocatorias a nuevas marchas justo a las 18 horas.

Sumado a eso, la presencia de militares en las calles que, en un hecho insólito considerando la historia de nuestro país, a propósito de las acciones violentistas, han sido incluso validadas por muchos chilenos: así al menos lo dejó entrever la Encuesta CADEM publicada este lunes, dando cuenta sobre más del 50 por ciento de entrevistados que valoraba la presencia del Ejército en las calles en aras de mayor seguridad.

Este lunes, para muchos el movimiento de camiones con efectivos militares distribuyéndose en distintos puntos de las ciudades, principalmente cabeceras de provincia, resultaba un tanto perturbador.

Lo cierto es que pasadas las seis de la tarde y una vez iniciado el toque de queda, desde la institución castrense, el comandante del Destacamento Yungay, comandante Patricio Ochoa, relevaba la función de control del orden y la seguridad, respondiendo al mandato presidencial que mantiene a la región en Estado de Emergencia.

 

Este lunes una vez más la jornada finaliza con un saldo lamentable y seguramente, en la mañana de este martes las autoridades al hacer el balance, informarán sobre una cifra de detenidos y nuevos incidentes, como el incendio de un bus JM, ocurrido en horas de la tarde.

Por desgracia, se repite una situación que no desean quienes quieren cambios concretos y que claman por justicia social: que se confunda el clamor ciudadano con el lumpen, porque, en definitiva, el mejor escenario es transformar el caos en un buen escenario para el desarrollo de los chilenos y no en una guerra, como se planteó anoche en cadena nacional.

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